18/11/2017
Balonmano

A un Ciudad Encantada distraído le bastan diez minutos de furia para vencer al Zamora (27-23)

Tras una horrible primera parte, en la que solamente Colo Vainstein estuvo a la altura, el Ciudad Encantada trituró a los zamoranos en el inicio de la segunda a base de goles de Castro y las paradas de Kilian

Ciudad Encantada vs Zamora

Al peor Ciudad Encantada de la temporada le bastó con diez minutos de furia en el segundo tiempo para vencer al Zamora y mantener su pleno de victorias en El Sargal (27-23).

Sufrieron más de lo esperado los conquenses en un primer tiempo en el que se vio a un equipo entumecido, lento en defensa y en ataque hasta despistado. El Zamora sintió, ante la falta de concentración de su rival, que tenía una oportunidad de llevarse algo de El Sargal y lo intentó poniendo cara de disimulo, como el ladronzuelo que mira hacia arriba mientras se guarda bajo el plumas una lata de atún n el supermercado. No le dio tiempo al conjunto visitante a completar el asalto porque saltaron a tiempo las alarmas de un Ciudad Encantada que terminó siendo un matamoscas aplastando al insecto que había estado media hora zumbándole.

El MMT Seguros Zamora fue el claro dominador del primer tiempo porque se jugó el partido que tenía en la cabeza Octavio Magadán. El central es el navegador de su equipo, le marca la ruta y le hace llegar rápido y a tiempo a su destino porque sabe detectar los atascos. Su  único defecto es que se le acaba rápido la batería, pero mientras Octavio duró los zamoranos movieron el balón demasiado rápido para un Ciudad Encantada flemático en defensa y rezongón en ataque, lo que aprovecho el equipo visitante  para ponerse hasta tres goles por delante.

Pablo Vainstein era el único jugador del Ciudad Encantada que no parecía haber esnifado cloroformo antes de salir a la vista. El Colo es uno de esos indispensables que nunca deben faltar en tu casa, como la sal, el papel higiénico y el ibuprofeno. El argentino, tras un par de partidos fuera por lesión, volvió con ganas y compartió su sangre con un equipo anémico. Suyos fueron prácticamente todos los goles conquenses del primer tiempo y complementó su actuación con su habitual omnipresencia defensiva que le llevó a cortar varios contraataques zamoranos. Independientemente de las temporadas le queden en Cuenca al pelirrojo, Rujamar debería hacerle contrato vitalicio y patrocinarle vaya donde vaya.

Como con Vainstein no bastaba para frenar totalmente la hemorragia, Lidio Jiménez probó todas las fichas que tenía en el banquillo en busca de la que encajara en el puzzle. Al final atinó al dar entrada a Kilian, que sustituyó a un Maciel distraído por los recuerdos que vivió en una Zamora que le dio abrigo durante dos campañas. Es difícil evitar que haya un ambiente raro en un reencuentro con tu expareja. Por su parte, Kilian aprovechó una oportunidad que necesitaba y merecía. Ayudó primero a que el Ciudad Encantada empatara antes del descanso (13-13) y después a afianzar los cimientos del equipo en el segundo tiempo.

El Zamora se había ido al vestuario medianamente satisfecho, más por la imagen dada que por el resultado. No podían saber que iban a tardar apenas diez minutos en estar muertos. Al volver a la pista de El Sargal cayó sobre ellos una tempestad catalana llamada Xavi Castro. No había tenido su mejor día el canterano del Barça pero en un ratito sacó toda su artillería, firmó cuatro goles y dio un plus de velocidad al juego del equipo. Estos fogonazos fueron fatales para un Zamora que se quedó prácticamente a oscuras en cuanto comenzó a apagarse la luz de Octavio Magadán. Cuando quisieron darse cuenta, los visitantes estaban siete goles por debajo y a merced de la tortura a la que le sometían Dutra y Sergio López, que practica las rosquitas con sadismo.

En un cuarto de hora, con la defensa por fin conjuntada y un voraz Kilian devorando todo lo que llegaba a su anzuelo, el Ciudad Encantada dejaba prácticamente sentenciado el partido y aun así dejó lagunas de concentración que ante rivales con más colmillos podrían salirle caras. No dieron pie a la reacción ni Colo Vainstein, más tenso que Marco en el 'Sorpresa, Sorpresa', como diría el gran Chiquito que está en la Gloria (de su madre), ni Rafa López, que también volvía de lesión y  que con tres goles de hermosísima factura recordó que, mientras le dejen, se subirá al escenario a tocar rock'n roll.

Para el Zamora maquilló el resultado con varios contraataques un Ceballos que dejó una buena carta de presentación en El Sargal. Tampoco hubiera sido justo que los castellano-leoneses, dignísimos, se hubieran marchado con un saco de Cuenca. Por su parte, el Ciudad Encantada debe tomar nota de las lagunas de este partido porque en las dos próximas fechas, ante Guadalajara y Anaitasuna, se pone en juego el sueño de la Copa Asobal. Y si hay algo por lo que jugar en serio, como juegan los niños, es por un sueño.

CONSULTA LA GALERÍA DE IMÁGENES

Liberbank Ciudad Encantada: 27

Leo Maciel; Vuk Perovic (1), Colo Vainstein (7), Doldán (3), Mendoza, Thiago Alves (3), Perovic y Sergio López (2)- siete inicial- Kilian Ramírez (p.s.), Dutra (3), Xavi Castro (4), Rafa López (3), Canyigueral, Hugo López, Nolasco (1) y Anselmo Cano

MMT Seguros Zamora: 23

Calle; Ceballos (7), Anderson Silva (4), Octavio (3) Mouriño (3), Jaime González (1), Prieto (3) - siete inicial- Luis Posado (p.s.), Abalos, Fernando, Jortos (1), Iñaki (1), Luis Cano y Raúl Maide.

Árbitros: Pascual Sánchez y Luque Cabrejas. Exclusiones a los locales Mendoza y Perovic y a los visitantes Ceballos, Prieto, Jortos y Fernando.

Marcador cada cinco minutos: 2-2, 4-4, 8-9, 10-11, 11-13, 13-13 (descanso) 16-13, 20-14, 22-15, 23-18, 25-21 y 27-23.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la décima jornada de la liga Loterías Asobal disputado en el pabellón polideportivo El Sargal de Cuenca ante 1.200 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de la hija de Miguel Rocas Más, vicepresidente de la IHF. Los jugadores del Ciudad Encantada saltaron a la pista en compañía de chicos y chicas de la asociación de down de Cuenca Adocu.

 

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