01/01/2018
Cultura y Vida
BOULEVARD LITERARIO CONQUENSE

'Cuando el cielo diga mi nombre', de Ana I. Fernández

Es una novela  cimentada en dos profundas columnas, por una parte el orgullo/soberbia/poder reflejado en LOS TORRIJOS y por otra la humildad que destilan la mayor parte de las mujeres  de la obra.

Toda novela que se precie debe tener un título, al menos sugestivo: para que el cielo diga el nombre de una persona esta debe haber muerto o estar muy cerca de la muerte, que es exactamente lo que le sucede a Elena,   protagonista indiscutible  de principio a fin. Nos encontramos ante una ópera prima  cuya   lectura se hace prácticamente de un tirón y que al terminar, el lector deseará volver a leer  con más calma. Obra con     abundancia de diálogos y personajes;  los  importantes, caracterizados por una gran viveza y revestidos  por la eterna jovialidad de Elena, famosa escritora escondida ante la sociedad bajo el seudónimo de Minerva que empieza a escribir su  última novela, inspirada en el recuerdo de su madre y presionada en gran parte por la aparición de un cáncer.

Presente y  pasado se  turnan  con maestría, dentro de la técnica  "flash.back"  al tiempo que los personajes van evolucionando en edad y madurez existencial.  Esta técnica supone para el lector mostrar constante interés en la lectura y atención exquisita a todo tipo de detalles.

No hay palabras rebuscadas, de difícil comprensión ni alambicado artificio, por lo que la lectura es siempre agradable. En aquellos capítulos donde la acción transcurre en el pueblo de la infancia abundan vocablos  como hornazaschurruscocanastoescobónalbariza – cesta de anea – etc. que tiñen las páginas de sabor añejo, ambientando el decorado rural de gran parte de la obra: Cuando estaba sola aproveché para untar los pernios, el cerrojo y el picaporte con un poco de sebo de las ruedas del carro de mi padre, al que contribuyen algunos   refranes inspirados   en el recuerdo omnipresente de la madre de Elena:

-El diablo sabe más por viejo que por diablo
-Es de bien nacido ser agradecido
-No hay mal que por bien no venga

El ritmo narrativo es equilibrado entre abundantes verbos: p. e. en pocas líneas aparecen: encaminaba – sentí – detuve – apoyé – seguí– arrastraba entré – recosté – intentaba– impedir – cerrar – latir– etc. y descripciones con  gran presencia de sintagmas nominales:


Frío tacto pies descalzos pasos infinitos     blanco mostrador 
pequeña sala  leve sonido  leve y tímido 
enormes ansias   susurrantes voces

Encontramos:

* Frases sonoras y contundentes:
-La furia de mi pasión había vuelto a resurgir con  los viejos árboles y las grandes piedras de la arcaica aceña.
-Un dolor tímido estaba dándome golpes en el corazón, era la tristeza llamando a mi puerta.
-Me subí el cuello del viejo abrigo de paño rojo y simplemente esperé a que me llegara la hora de morir.

*Metáforas bellas:
-El roce de sus labios era como una nube de algodón en mi piel.
*Calificativos sonoros:
-Quería evitar a toda costa retener en mi retina su podrida cara de acelga.
-Tenía los ojos vidriosos y metidos en dos cuevas.
-Cuando salí al salón, me dieron la bienvenida dos huéspedes que hacía tiempo no me visitaban: el  silencio y la oscuridad.

El contenido de la obra se distribuye esencialmente  entre los clásicos temas del amor y la muerte, a los que la autora incorpora otros caracterizados como lacras sociales: droga, violencia contra la mujer, salpicados con ciertos vicios personales de los que el ser humano siempre tendrá consigo: soberbia,  venganza, rencor, etc.


*Amor: Lo podemos encontrar distribuido a lo largo de las páginas. Amor adolescente, primer amor, amor de madurez, amor  de senectud, amor paterno-filial, fraternal, etc.
*Muerte: aparece la muerte, como un hado fatal, de personajes que han convivido en mayor o menor grado con Elena y con Patricia, la coprotagonista.
*Droga: Sobre una mesa había unas bolsitas de plástico que contenían unas pastillas de éxtasis. En el suelo había más cajas como las que encontré en el estudio y en el apartamento. Abrí una de ellas y estaba repleta de bolsitas como las que había en la mesa…
*Violencia de género:
-Ejercida con Elena: Caminó hasta el centro de la habitación y llegó hasta mí. Entonces me cogió de un brazo y me levantó de la silla. Del mismo impulso, mi cuerpo quedó a merced del suyo. Intentó forzarme a darme un beso, pero   le esquivé. Él, empleando su fuerza y capturándome con sus fuertes brazos, me hizo presa de su boca…
-Ejercida con Patricia:
Yo seguía en el suelo atada y amordazada, a expensas de lo que quisiera hacer conmigo. Fue el día que más recé en mi vida…cogió el cinturón de su pantalón…acercándose a mí ,se arrodilló a mi lado y comenzó a pasármelo por mi cuerpo…
*Postguerra:
La escasez de alimentos era atroz. Tanto era así que nos recorríamos las calles en busca de alguna simple mondadura de naranja para alimentarnos. Hubo gente que lo perdió todo y su único refugio era una manta roída y sucia…incluso las mujeres que se habían casado enamoradas, se habían sometido a los deseos de otros hombres para alimentar a sus hijos.
*Hipocresía:
Era de los que se daban golpes en el pecho cada domingo en la iglesia y después pisoteaban al más frágil.
Como contrapeso  existen valores por los que merece la pena vivir:
*Superación personal:
–Durante mis años de carrera nunca me dejé llevar por la irresponsabilidad…
– Todas las mañanas me levantaba con el entusiasmo de aprender un poco más. Poco a poco lo iba haciendo mejor y con más soltura…

*Solidaridad:
– De lo poco que podía conseguir a hurtadillas en la cocina, me lo escondía. Me lo enganchaba a la cintura de mi combinación con un imperdible y así quedaba oculto entre el forro del vestido. Gracias a mi audacia los pequeños podían comer.
–Un barrendero que me vio sentada y encogida, se preocupó al verme allí sola… debió verme tan mal, que no dudó en ayudarme…
*Cultura:
-Me dejé vencer por la confortable sensación de descubrir algo interesante…por la noche, cuando acabábamos de cenar estaba deseando irme a mi habitación para seguir leyendo, me daban las tantas de la madrugada…
-Experimenté la magia de inventar personajes y visitar países de todo el mundo sin necesidad de viajar, así me dejé enamorar por la literatura…

*Humildad, sencillez,perdón,etc…



Cuando el cielo diga mi nombre (Ediciones Atlantis, noviembre de 2017) es una novela  cimentada en dos profundas columnas, por una parte el orgullo/soberbia/poder reflejado en LOS TORRIJOS y por otra la humildad que destilan la mayor parte de las mujeres  de la obra: madre de Elena, Madre de Patricia, madre de Sergio, mujer del patriarca Torrijos y que influyen notablemente en el carácter de Elena.

El personaje de Patricia, alter ego de Elena,   gran acierto,  sirve de eje estructural sobre el que la autora hacer girar la técnica del Flash-Black  sirviendo en bandeja al lector una doble narración, las vidas de Elena y Patricia, que sabiamente convergen al final de la obra, a la que el lector es llevado en volandas por la emoción de desvelar el  desenlace.

Finalmente, la Naturaleza, fiel reflejo de la inocencia   de Elena adolescente, cierra la escena narrativa envolviendo a Elena en su madurez, Naturaleza  que se hace viva en el molino de agua abandonado   en el centro de una arboleda lejos del pueblo, el lugar secreto del amor primero, que vuelve a renacer al final, en el mismo marco, con los mismos personajes, como  apertura y cierre bajo las alas de la libertad de esta gran  novela, primicia y promesa de otras más con las que sin duda nos deleitará Ana I.Fernández, nacida en El Pedernoso, conquense por la gracia de Dios.
 
 

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