08/07/2018

“La medicina es caridad, ver lo que puedes hacer por la persona que está pidiendo que le eches una mano”

Entrevista del domingo con Amador Jiménez Torrijos, médico cirujano con una carrera de casi 50 años en Cuenca

Amador Jiménez. Entrevista. Fotos: Esteban de Dios

Amador Jiménez Torrijos es una institución en lo que a medicina se refiere en la ciudad de Cuenca. Una gran parte de la población conquense ha pasado por sus manos a lo largo de una carrera de 50 años y decenas de miles de operaciones. Recientemente el Colegio de Médicos de Cuenca le rindió un merecido homenaje por sus 50 años de colegiación. En esta amplia entrevista hace un somero repaso de su trayectoria profesional y de su manera de entender la medicina durante estas cinco décadas.

50 años de colegiación como médico, ¿cuándo echa la vista atrás después de estos años qué es lo que ve?

Lo primero que veo es que cuando me llamaron pensé, malo, un homenaje, pero rápidamente borré eso y pensé que qué bien hace el Colegio de acordarse de los que nos hemos dejado la vida atendiendo a los pacientes, y no sólo a mí, sino que esto ya viene de tiempo atrás. Recordando el acto de homenaje naturalmente las palabras de mi hija me emocionaron mucho. Y por último el cuadro que regalaron de recuerdo me suscitó nuevas emociones, si lo de mi hija me hizo aflorar las lágrimas no le digo nada del cuadro por una anécdota. Yo nací en Cardenete y mi padre, que era médico, tenía la consulta en nuestro propio domicilio y en su orla había una leyenda que era "Caridad y meditación", la caridad estaba representada por una matrona amamantando y la meditación por el pensador de Rodin, pues mire por donde el cuadro que me regalaron, obra de Adrián Navarro, que no sabría esta circunstancia, tenía una matrona amamantando a un niño y a un hombre pensando, aunque no fuera el de Rodin. Y eso, claro, me hizo retrotraerme a la infancia y a esos recuerdos de niño, aparte de que yo creo que la medicina es eso, caridad, a ver lo que puedes hacer por esa persona que está pidiendo que le eches una mano.

Su padre fue médico, ¿usted siempre quiso serlo también?

Sí, siempre, desde  pequeñito, por pura emulación de mi padre. Cosa que con mi hija yo no sé si es por emulación o por vocación, porque ha seguido mis pasos exactamente: estudió medicina como yo, se hizo cirujana como yo y se hizo cirujana taurina también como yo. Esto no puede ser casual, o lo han transmitido los genes o lo ha vivido tanto que era imposible que fuera otra cosa.

Eligió como especialidad la cirugía. No sé cuántos conquenses habrán pasado por sus manos, yo entre ellos por cierto. ¿Por qué eligió esa especialidad?

En aquellos tiempos lo más resolutivo era la cirugía y lo elegí por eso.

Evidentemente la medicina ha cambiado  mucho en estos cincuenta años de profesión y concretamente la cirugía muchísimo. ¿Cómo era aquella cirugía de finales de los '60 cuando empezó usted a ejercer?

Aquello era casi heroico. Recuerdo que cuando acabé la especialidad en Valdecilla, en Santander, nuestro maestro nos dijo "esto está en una evolución tan rápida que a los tres años no valdrá para nada lo que yo os he enseñado". Y si lo dijera hoy, en cuanto vuelva la esquina ha cambiado, antes había una medicina heroica, muy directa, al no haber Internet mirábamos al paciente, sentíamos con el paciente. No digo que sea mejor ni peor, pero ahora a lo mejor miras el monitor y no ves al paciente, era distinta.

"Antes había una  medicina heroica, muy directa, al no haber internet mirábamos al paciente, sentíamos con el paciente"

¿Había otra comunicación con el paciente?

Sí, y además mucha más comunicación porque al haber menos medios tenías que exprimir ese contacto, esa interlocución, esa exploración, tenías que sacar datos de donde los hubiera, y si no los había se recurría al ojo clínico, ahora se practica la medicina sobre la evidencia, lo que no es evidente es falso.

¿Cuál ha sido el desarrollo de su carrera?

Estudié la carrera en Valencia y después me fui a hacer la especialidad a Santander porque era el sitio donde la cirugía estaba más prestigiada del país, allí estuve mis años de residencia y con el título me vine a Cuenca, no anduve pensando en otras ciudades. Aquí empecé a aprender de mis mayores, que es otra cosa que también echo de menos, en aquellos tiempos había un flujo de conocimientos entre los médicos noveles y los veteranos, nos juntábamos mucho y los mayores hablaban y nosotros poníamos la oreja y aprendíamos muchos de ellos, hasta máximas, recuerdo una de D. Teodomiro García que era "no te canses de hacer el bien". Ahora eso ya no existe, y echo en falta que lo nuestro, aunque a lo mejor no valga para nada y esté caduco, no se transmita a nadie.

Continuando con  mi carrera, ya en Cuenca primero fui ayudante, luego accedí a mi plaza de jefe de equipo, luego vino la jerarquización pero yo no estaba por ahí, mi jefe era mi enfermo, yo no quería que por cuestiones de jerarquización me asignaran al enfermo, yo quería que el enfermo me eligiera a mí, por eso me desjerarquicé y me volvía a mi plaza de jefe de equipo quirúrgico.

¿Usted que ha ejercido la medicina en el ámbito público y en el privado cree que hay diferencias entre una y otra?

Si la hay para mí no la hubo. En las historias clínicas yo no lo preguntaba y por tanto yo siempre he hecho abstracción de dónde procedía.

¿Cuáles han sido los principios que han regido su ejercicio profesional a lo largo de estos 50 años?

Eso me lo recordó mi hija, pero yo no sé si soy tan bueno como para que mi hija lo dijera pero sí recuerdo cuando señaló que yo decía que el norte es el enfermo, que no la carrera profesional, que no ganar dinero, que no buscar reconocimiento personal, sino el bien del enfermo. Y otra cosa, yo siempre he dicho que a mí cuando me llamaban nunca buscaba connotaciones negativas, siempre decía "ya voy". Así que mis principios fundamentales han sido "el norte es el enfermo" y "ya voy" siempre que me llamaran, sin buscar excusas.

En ese discurso que pronunció su hija en la entrega del reconocimiento por sus 50 años de profesión me llamaron la atención unas palabras que no sé si la reproduzco fielmente pero que la idea era que es fundamental el compañerismo pero que aborrece el corporativismo.

Efectivamente, la verdad es que me lo recordó todo ella. Hay que ser compañeros, nunca nadie me habrá oído hablar mal de un compañero, eso sí sin ser corporativos, sin faltar a la verdad de los hechos que hubieran podido ocurrir.

"Mis principios fundamentales han sido "el norte es el enfermo" y "ya voy" siempre que me llamaran, sin buscar excusas"

¿Tiene una idea aproximada de cuántas operaciones ha hecho en su vida?

Pues habría que multiplicar casi cincuenta años con una media entre grandes y pequeñas de 6 operaciones diarias pues fíjese qué cifra nos saldría.

¿Y qué tipo de intervenciones?

De cirugía general, lo que pasa es que conforme pasaba el tiempo se iban sustrayendo parcelas en base a que se superespecializaba la cirugía en determinados terrenos. Esos  mayores míos de los que le hablaba operaban de todo, o se era cirujano o se era médico. Dentro de la cirugía, mis antepasados ya eran cirujanos y traumatólogos, luego sólo cirujanos y dentro de la cirugía general muchas especialidades.

¿Cómo se mantiene la motivación y la concentración después de tantos miles de intervenciones?

Por supuesto los cursos de reciclaje son muy importantes y luego también pasa que otra de las máximas que yo he tenido es que no se puede privar al paciente de conocimientos superiores. Si yo llego hasta un punto y luego lo puede hacer mejor otro, que lo haga ese otro. Recuerdo que mi paño de lágrimas era el doctor Moreno, uno de los pioneros en trasplantes de España, que tuvo su primera plaza como cirujano en Cuenca, y cuando no podía con algo siempre se lo derivaba a él para que lo hiciera.

¿Cómo debe ser la relación entre el médico y el paciente?

Yo la que he vivido era una relación paternofilial, en la que el paciente se ponía en tus manos y decía "haga lo que tenga que hacer, lo que haría con su madre, con su padre o con un amigo". Ahora ya no es lo mismo, la medicina es más defensiva, se requiere otro tipo de consentimientos y por tanto otro tipo de información al paciente.

Estamos asistiendo de forma preocupante a un aumento en las agresiones a médicos, algunas realmente muy graves. Eso en su época era algo impensable ¿no?

Inconcebible, si se recurría a un médico era porque se tenía confianza en él, como no te imponían médico sino que se elegía había otro tipo de entrega y respeto. Yo la medicina defensiva empecé a vivirla al final de mi carrera, es más cuando me jubilé de la Seguridad Social seguí en la privada y cuando me jubilé de todo pensé que era el momento por dos cosas, la primera "hay gente que lo hace mejor que yo, dejémosle pasar" y la segunda "no me han llevado al juzgado, que no me lleven"

"Cuando vine a Cuenca el cirujano taurino era D. Atanasio del Olmo y me preguntó si quería ir con él de ayudante, así que nada más llegar me convertí en ayudante del cirujano jefe de la plaza de toros"

Una de sus vertientes profesionales más conocidas es su condición de cirujano taurino y por sus intervenciones en la plaza de toros de Cuenca y en tantas otras. ¿Cómo surgió lo de ser cirujano taurino?

Cuando vine a Cuenca el cirujano taurino era D. Atanasio del Olmo, me comentó que se estaba intentando crear una asociación de cirujanos taurinos y me preguntó si quería ir con él de ayudante, así que nada más llegar me convertí en ayudante del cirujano jefe de la plaza de toros. Ahora hay una Sociedad de Cirugía Taurina que es oficial y cada año tenemos un congreso y de hecho en Cuenca se celebró el del 2006 y eso es lo que te especializa.

¿Y al respecto de la polémica sobre el maltrato a los toros qué tiene que decir?

Precisamente en el congreso de cirugía taurina celebrado en Cuenca comenzamos un estudio, que desgraciadamente no se pudo finalizar al completo, que iba en la dirección de  trabajar para demostrar la ausencia de sufrimiento en el animal en base a la generación de endorfinas. Un catedrático de fisiología animal de Madrid trabajó con nosotros enfocando el tema sobre la bravura del toro y nosotros lo hicimos enfocándolo hacia el tema del dolor en los humanos. La ventaja del catedrático es que él podía obtener cada tarde muestras de sangre de seis toros mientras que nosotros no podíamos obtener sangre válida salvo que hubiera una cogida, en actitud de lucha, que es cuando se generan la endorfina que es una hormona analgésica tan potente o más que la morfina. Por tanto al toro no le duele, porque está generando endorfinas. El problema es que ese estudio se interrumpió pero estábamos en vías de demostrar que el toro no sufre. Entonces sentamos las bases y son ciertas. Si al toro le doliera cuando recibe una vara no iría a por la segunda, si al toro le doliera después de dos banderillas no recibiría más pares, se vería en su gesto que huye de la pelea. Los antitaurinos me decían que cómo podía yo hablar sin saber lo que siente el toro, porque el toro no habla, pero yo no le pregunto al toro, le pregunto al torero y cuando viene un torero herido si viene vestido de luces me pregunta que para cuánto tiene, porque quiere salir otra vez, y si viene de paisano en un encierro me pide que no se lo diga a su madre, pero ninguno me dice que le duele, o sea que el dolor en actitud de lucha no existe. ¿Por qué se interrumpió ese trabajo? Pues porque el catedrático de fisiología animal llegó a tener amenazas de muerte y dejó el trabajo, así que aquello sí vio la luz en revistas profesionales pero no le llegó al gran público.

Es muy famosa la intervención de Luis de Pauloba en la plaza de toros de Cuenca. ¿Ese fue el momento más complicado de su carrera como cirujano taurino o ha habido otros peores?

Yo creo que sí, además fue a la intervención a la que más tiempo le dediqué, porque le acompañé hasta que lo dejamos en el hospital 12 de octubre. Fue muy complicado, sobre todo estabilizarlo, porque hay una máxima en cirugía taurina que es que nadie se te muera en la carretera, o lo estabilizas en la plaza o apechugas con lo que venga pero no lo traslades y que se muera en el traslado. Y estabilizarlo aquí nos costó mucho tiempo y además invitando a otros especialistas, como el otorrino, el radiólogo, y hasta que no estuvo estabilizado no decidimos trasladarlo a Madrid. Además era un domingo de Resurrección y había operación retorno, íbamos tranquilos pero al llegar a Tarancón le hice una nueva evaluación y aunque mantenía las constantes empezaron a aparecer signos de lesión cerebral y nos entraron las prisas, porque lo que no podíamos era intervenirle cerebralmente en la carretera, así que le pedí al de la ambulancia que corriera y todo con el atasco propio de una operación retorno de Semana Santa, pero logramos llegar con él a Madrid vivo. Muertes no he tenido ninguna, gracias a Dios. Y luego aquí en la vaquilla sí que hemos tenido lesiones de la femoral y las hemos resuelto en un quirófano muy precario.

Le iba a preguntar precisamente por eso, por la forma de trabajar, porque no es lo mismo una actividad diaria de cirugía donde las operaciones están programadas o si son de urgencia vienen diagnosticadas por un colega que estar en un burladero, en pleno ambiente de fiesta, y tener que intervenir de pronto y sin saber realmente lo que se van a encontrar.

En el burladero hay dos conceptos, tienes que estar atento a la corrida porque en el momento de la cogida tienes que ir intuyendo la trayectoria, por el derrote del toro, por el volteo del diestro para que cuando llegues antes que el torero a la enfermería ya tengas una mínima idea de por dónde pueden ir las cosas, y luego hay otra cosa, que es de mi hija y lo ha presentado en algún congreso, que es que el toro inicia la operación y el cirujano la termina, o sea, el toro pega una cornada determinada y por ahí hay que seguir con la intervención.

"En el burladero tienes que estar atento a la corrida porque en el momento de la cogida tienes que ir intuyendo la trayectoria, por el derrote del toro, por el volteo del diestro para que cuando llegues antes que el torero a la enfermería ya tengas una mínima idea de por dónde pueden ir las cosas"

Su vocación por la medicina la ha heredado su hija, ¿usted quería que su hija fuera médica?

Yo me mantuve al margen pero sí que cuando terminó la carrera, con premio extraordinario de licenciatura por cierto, me atreví a decirle que podía hacer cirugía estética, que ganaría mucho dinero y no iba a tener urgencias, pero me respondió que para eso se hacía peluquera, que ella quería ser cirujana, como yo. Así que fue en lo único que quise influirle y no valió.

Dos preguntas para terminar: la primera ¿si volviera a nacer sería otra vez médico?

Por supuesto que sí, le he respondido muy rápido porque me lo han preguntado muchas veces y siempre he respondido lo mismo.

Y la última ¿cómo le gustaría que le recordaran como médico?

Me gustaría que me recordaran por ese lema que le he dicho al principio "Caridad y meditación", con la leyenda de la orla de mi padre que está reflejada en el recuerdo con que me ha obsequiado el colegio de médicos.

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