20/01/2019
Cuenca

“El Seminario no sólo es un centro para estudiar sino también para crecer como persona”

Entrevista del domingo con José Antonio Fernández, rector del Seminario Mayor de San Julián y del Menor Santiago Apóstol

José Antonio Fernández es el rector del Seminario Mayor de San Julián y del Menor Santiago Apóstol. En esta entrevista, analiza la situación en la que se encuentra la formación de los sacerdotes en la provincia de Cuenca, reflexiona sobre la visión de los sacerdotes en el mundo moderno y explica los planes que hay para el inmueble del seminario, entre otros 

¿En qué  situación está el Seminario como centro de formación de sacerdotes una vez que se unieron los seminarios menor y mayor?

El seminario menor estuvo en Uclés desde el curso 1949-50 hasta el 2011-12. Las dos instituciones siguen existiendo como tales, el Seminario Menor Santiago Apóstol y el Seminario Conciliar de San Julián, que es el mayor, aunque seminario conciliar es todo porque cuando el menor se fue a Uclés se fue una parte del conciliar y allí se le dio el nombre de seminario menor. En el curso 48-49 había habido 450 seminaristas y ya no cabían, por eso se produjo el traslado de los alumnos de latín, que eran 50, a Uclés, y desde entonces hasta 2012 estuvo allí, que fue el año en que se trasladaron aquí porque mantener aquello con el número tan reducido de seminaristas menores que había era muy costoso para la diócesis, así que se trajo aquí, se hizo una gran obra para que los chicos tuvieran las comodidades necesarias para vivir y desde entonces conviven ambos, el menor y el mayor, juntos pero no revueltos, cada uno con su régimen distinto, sus normas distintas, sus horarios distintos, etc... Vivimos en el mismo edificio, hacemos actividades conjuntas, como la Eucaristía diaria y algunas campañas pastorales, pero son dos comunidades perfectamente diferenciadas.

¿Qué estudios se cursan en cada uno de ellos?

En el mayor se forman para ser sacerdotes y para discernir la vocación con ayuda de los formadores y en el menor no es así, se les ayuda a crecer como personas, como buenos cristianos, que descubran que los valores que nos propone Jesús en el Evangelio son los valores para que cualquiera sea una buena persona y que a la luz de todo eso uno pueda descubrir la vocación a la vida sacerdotal. Por supuesto no todos los seminaristas menores llegan a ser sacerdotes, eso no ha pasado nunca y sigue sin pasar, la mayoría de los seminaristas mayores terminan en el sacerdocio pero los menores unos pasan al mayor y otros continúan con su vida y con sus estudios, por eso el objetivo del seminario menor es que el chaval aquí descubra qué es lo que Dios quiere para su vida, para qué me quiere Dios, por eso el seminarista menor estudia  lo que cualquier chico de su edad, la ESO y Bachillerato, y además lo estudia fuera de la casa, en los distintos institutos públicos o concertados de Cuenca, y esta es su casa, se les ayuda a estudiar incluso con clases de apoyo. Así que eso es el seminario menor, los chicos estudian lo mismo que cualquier chico de su edad sólo que aquí viven en un clima cristiano, donde se cuida mucho la oración, la liturgia e ir creciendo en los valores cristianos.

En cuanto al seminario mayor se estudian los 6 años de los estudios eclesiásticos, que son 2 años de filosofía y 4 de teología, y esas clases sí que se imparten aquí, los profesores son sacerdotes de nuestra diócesis que están muy preparados y estamos afiliados a una facultad de Teología que es la San Vicente Ferrer, de tal modo que cuando un chico termina aquí tiene un examen de grado para lograr el título de graduado de Ciencias Eclesiásticas, el equivalente a la licenciatura antigua, lo que le abre todas las puertas para seguir estudiando otras especialidades de los estudios eclesiásticos, tanto en el ámbito de la filosofía como en el de la Teología.

"Eso es el seminario menor, los chicos estudian lo mismo que cualquier chico de su edad sólo que aquí viven en un clima cristiano, donde se cuida mucho la oración, la liturgia e ir creciendo en los valores cristianos."

¿Cuántos alumnos tiene cada uno de los seminarios?

El menor tiene 9 y el mayor 11, en total 20.

¿Todos viven en régimen de internado?

Sí, todos son internos

¿Y cómo es la vida de un seminarista en el siglo XXI?

Pues es muy intensa, y mucho más abierta que antes. Nosotros lo que intentamos es que la vida en el seminario sea lo que es una vida en familia. Es una pena que seamos tan pocos pero eso lo convertimos en una gracia, que es que somos una familia muy numerosa que intenta vivir como tal. La vida en el seminario empieza para los mayores levantándose entre las 6 y las 6 y media de la mañana para sus actos de oración, los pequeños se levantan a las 6:50 de la mañana y el primer acto conjunto es a las 7:15, la Eucaristía, después toda la mañana está dedicada a las clases, los menores fuera y los mayores aquí y luego la tarde se dedica al trabajo, al estudio, los mayores normalmente en sus habitaciones y los pequeños con un estudio reglado.

¿Todos los alumnos son de la provincia de Cuenca?

Prácticamente todos, del menor todos son de la diócesis de Cuenca y del mayor hay uno que es de una diócesis argentina con la que colaboramos y que el año que viene regresará a su diócesis y allí se ordenará presbítero. A excepción de este chico y de otro que es de Guadalajara, aunque ya estudió aquí una carrera y se va a incardinar aquí, el resto son de nuestra diócesis y casi todos de la ciudad.

¿Cómo son los estudios del seminario mayor, cómo llegan aquí los seminaristas?

Hay un factor común a todos que es que previamente a entrar en el seminario han tenido una vivencia de fe fuerte, dentro de una parroquia, de un grupo apostólico, de una comunidad, eso se da en todos, el que viene aquí es porque antes ha tenido una experiencia de fe fuerte, ese es un factor común a todos. Pero los estudios eclesiásticos no son los que marcan el ritmo de la maduración hacia la ordenación sacerdotal. Eso viene muy bien recogido en la 'Ratio Fundamentalis', que es el nuevo documento que marca la manera de llevar los seminarios, y lo dice bien claro, las etapas que debe ir cumpliendo un seminarista no son etapas estrictamente académicas sino de maduración personal y cristiana, porque uno puede llevar unos estudios perfectamente pero no valer para cura, por eso el seminarista tiene que ir creciendo a la par intelectualmente, humanamente y cristianamente, por eso tiene sentido que el seminarista esté en un seminario, sino sería una facultad más y al cabo de unos años vendrían a la Catedral y serían ordenados sacerdotes, pero es que ese no es el fin, es que la iglesia misma acompañe a esos chicos para que no sólo se formen intelectualmente, lo que es importantísimo, sino para que vayan madurando, que sean hombres perfectamente construidos, porque muchas veces la sociedad nos desestructura. Hay chavales que pueden llegar al seminario con heridas muy profundas, por cuestiones familiares o personales, por una mala experiencia laboral, porque hay chicos que vienen al seminario después de terminar una carrera universitaria y otros desde el mundo laboral, por tanto el joven que tiene que llegar al sacerdocio tiene que ser una persona bien equilibrada, con mucha madurez y verdaderamente construida. Por eso el seminario no sólo es un centro para estudiar sino también para crecer como persona.

Uno de los grandes problemas de la iglesia católica, sobre todo en el mundo occidental, es la falta de vocaciones, ¿de qué manera el seminario se puede hacer atractivos para unos jóvenes que en muchos ámbitos van a ser vistos como bichos raros porque toman el camino del sacerdocio?

El atractivo del seminario es el del Evangelio y el del Evangelio es el de una vida llena, por eso es tan importante que los que queremos vivir la fe tengamos una fe que de verdad se transmita por todos los poros de nuestra vida, que sea una fe íntegra, que sea coherente, que contagie, donde hay un cristiano se tiene que notar. Por eso el atractivo está en que la vida de estos jóvenes sea coherente, íntegra, feliz. En casi todos los testimonios vocacionales hay detrás un sacerdote en el sentido de que vio en él un ejemplo y pensó que él quería ser así. Cuando el sacerdocio se vive de verdad ese es el atractivo, no se hace para que te vean pero haciéndolo te ven y el que te ve de alguna manera se contagia.

¿A los sacerdotes se les forma también a la hora de integrarse en el mundo, en el siglo? Porque al final la función de un ordenado es la de trabajar con la gente de la calle.

Usted lo ha dicho, el siglo, nosotros somos sacerdotes seculares, somos para nuestro tiempo y para nuestra gente.

"Cuando el sacerdocio se vive de verdad ese es el atractivo, no se hace para que te vean pero haciéndolo te ven y el que te ve de alguna manera se contagia"

Lo digo porque mucha gente tiene la idea del sacerdote como una persona rancia, anclada en unos principios obsoletos y no sé de qué manera se forma a los seminaristas para que no sean así y sean capaces de llegar a los fieles.

Somos sacerdotes de nuestro tiempo y para nuestro tiempo y el mensaje del Evangelio, que es eternamente válido, hay que aterrizarlo en el contexto en el que vivimos y la Iglesia quiere llegar a las personas de hoy, por lo tanto por supuesto que descendemos en la formación y en el acompañamiento personal a estas cuestiones de que tenemos que ser sacerdotes para los demás, dándonos a ellos como necesitan que yo me dé, es decir el amor de Dios tenemos que llevarlo pero tenemos que hacerlo hecho carne, que sea concreto, que se pueda abrazar, que se pueda ver, a eso es a lo que tenemos que descender los curas.

Todo eso sin abandonar un mensaje que no tiene nada de relativo, sino que es absoluto, vamos que es trabajo complicado.

Pero no es tan complicado, nuestros seminaristas son chicos normales, ese el valor más grande que tiene este seminario. Es que no hay que tener pinta de cura, es que hay que ser cura, no hay que tener pinta de nada, lo menos importante es lo que pareces, lo importante es lo que eres. Nosotros debemos ser buenos curas, y eso significa ser hombres entregados a los demás por amor a Dios.

¿El seminario está creciendo o está descendiendo en alumnos?

En los últimos años hemos crecido, en el curso 15-16 había 4 seminaristas mayores mientras que en este curso hay 11, así qu estamos en una tendencia de crecimiento porque en esta diócesis se está trabajando bien desde hace tiempo, mucho trabajo hecho con la juventud en las parroquias, a nivel de delegaciones, de grupos apostólicos y hay un movimiento juvenil cristiano muy interesante en nuestra diócesis, ahora dentro de nada los jóvenes de la diócesis de Cuenca se van a juntar en Uclés el mismo fin de semana que se celebrará en Panamá la JMJ para vivir esas jornadas desde allí, eso va a ser el fin de semana que viene. Y ese trabajo con los jóvenes está dando su resultado en vocaciones y en chavales comprometidos con la Iglesia.

¿De los seminaristas mayores que empiezan los estudios qué porcentaje se ordena?

Pues casi todos, podríamos decir que un 98%, las vocaciones son sólidas porque para entrar en el seminario mayor ya hay que vencer obstáculos importantes, muchos de ellos familiares, todos ellos personales, se han hecho fuertes para llegar aquí y una vez que están aquí es difícil que abandonen.

"Nuestros seminaristas son chicos normales, ese el valor más grande que tiene este seminario. Es que no hay que tener pinta de cura, es que hay que ser cura"

Vamos a hablar del seminario como edificio, uno de los más emblemáticos de nuestro casco antiguo. ¿Cómo está la casa?

Hablamos de un edificio de 12.000 metros cuadrados del siglo XVIII, porque el Seminario como institución es de 1584 pero este edificio se estrenó en 1746. En 1741 el obispo Flórez de Osorio compra el palacio de los marqueses de Siruela y otros terrenos adyacentes y este edificio se inaugura en el 46. La última gran obra fue en 1950 porque después de la Guerra Civil el edificio quedó masacrado y desde hace siete años comenzó un proceso de remodelación en la zona de la vivienda donde se alojan los seminaristas, se hicieron habitaciones nuevas, se puso calefacción, y la casa quedó con unas condiciones de habitabilidad óptimas con respecto a las que tenía hace unas décadas. La casa es vieja pero se están haciendo importantes inversiones, poco a poco porque los recursos son limitados. Ahora se está trabajando en las fachadas, se hicieron antes las cubiertas del lado de Mangana, se está haciendo de nuevo una escalera para cumplir la normativa, etc...

¿Qué porcentaje del edificio se usa normalmente?

Entre un cuarto y un tercio, como mucho, más o menos ahí estamos. Vivimos aquí 23 personas y el invierno aprieta, sólo calefactar la casa es muy costoso, por eso tenemos un sistema domótico de calefacción para que se vaya encendiendo según donde estemos.

Esto es la obra interminable, claro.

Si tuviéramos dinero lo podríamos terminar pronto pero como tenemos que ir haciendo según vamos ahorrando tenemos que hacerlo poco a poco, aunque el plan está claro, hemos descubierto en el verano de 2016 una actividad alternativa que es la hospedería porque teníamos varias cosas, una era que la casa era deficitaria y por otro lado nos sobraba casa bien acondicionada así que pensamos que podíamos intentar gestionar el recurso de la hospedería para mantener la casa. Todo el mundo sabe que cuando una casa se habita está mejor que cuando no, y como teníamos más habitaciones que seminaristas los íbamos rotando para ocuparlas todas en algún momento, así que lo que hicimos fue delimitar una zona para que vivan los seminaristas y otra para la hospedería menos cuando los seminaristas se van de vacaciones en verano que ocupamos todo para la hospedería.

¿La hospedería está abierta todo el año?

Todo el año los fines de semana y en verano todos los días. Ahora tenemos 26 habitaciones y unas 70 camas porque hay habitaciones que son suites familiares con 5 ó 6 camas que son como pisitos que pueden ocupar familias enteras.

¿Y qué tal está funcionando?

Está funcionando bien con la limitación de abrir sólo los fines de semana porque queremos preservar la vida de los  seminaristas y porque además en determinadas épocas no hay tanta demanda en días laborables.

"Lo que tenemos claro es que el seminario tiene que ser eso, seminario"

Desde hace décadas se ha hablado de este edificio como un posible destino para infinidad de usos pero sobre todo turísticos, se habló incluso de ofertas concretas de algunos grupos hoteleros y siempre ha planeado sobre él la posibilidad de que se vendiera o alquilara, ¿esa opción ya está abandonada o se podría llegar a dar?

Efectivamente ha habido ofertas, las hubo, las ha habido y las habrá seguramente, porque cuando uno tiene un hijo o una hija guapa mucha gente le tira los tejos pero de una de las cosas de las que nos debemos sentir orgullosos en la diócesis en que nuestro seminario sigue siendo seminario. Cuando tú vas a otras diócesis como Sevilla, donde el antiguo seminario es ahora la sede de las Cortes andaluzas, o Murcia, en la que es la facultad de Bellas Artes, y hablas con los curas de esas diócesis y se tiran de los pelos por haber vendido el seminario. Yo creo que en Cuenca tenemos que celebrar que la diócesis haya resistido, con dificultades, porque se han pasado verdaderos apuros económicos, para que el seminario siga siéndolo pero al mismo tiempo creo que tenemos que celebrar que podamos usar la casa para un uso que no desvirtúa la vida de los seminaristas y que nos proporciona unos recursos necesarios para el mantenimiento de la casa. ¿Qué venga otras ofertas? Pues no se descarta pero que  nos hagan tanto tilín que caigamos no lo sé, pero en principio no porque ahora mismo lo que tenemos claro es que el seminario tiene que ser eso, seminario.

Para terminar, ¿cómo ve el futuro tanto como institución como edificio?

Yo lo vivo con mucha ilusión y con mucha esperanza porque ahora mismo si nos comparamos con el resto de seminarios de España, en números relativos, somos de los primeros en alumnos, y en números absolutos también estamos muy arriba.

¿Y eso es suficiente para renovar el clero de la diócesis?

Para que nuestra diócesis se pueda mantener con que se ordenaran dos o tres presbíteros por año sería suficiente. Hay que tener en cuenta que antes todos nuestros pueblos tenían más habitantes y no hay la misma necesidad de clero que había antes en la diócesis. Ahora mismo los sacerdotes se están ocupando se 7 ú 8 pueblos y lo pueden hacer sin problema, y donde ahora hay un cura antes había 2 y antes 3. Es cierto que no tenemos que ir a una pastoral de mantenimiento sino a una de misión y de frontera para ganar terreno, pero es cierto que nuestra diócesis, por desgracia por lo que supone de despoblación, con ordenar dos o tres sacerdotes al año es suficiente, es cierto que todavía no llegamos a ese ritmo pero podemos llegar.

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